domingo, 20 de octubre de 2013

El positivismo del amor.

[Antes de empezar, quiero especificar que lo 'positivo' NO alude a lo optimista o a lo positivo como tal, sino a lo que sigue un patrón de comportamiento específico].

Una mala historia de amor, solapada por un nuevo giro en mi fucking vida no-amorosa; es lo que yace tras estas palabras luego del próximo punto, es decir, éste.
Todos queremos vivir el amor de referencia, en cierta medida, el que vemos y soñamos desde pequeños y que acaba luego del primer beso y la última mirada. 

Lo siguiente entre corchetes puede saltarse.
[Existen ahora, personas que para ir en contra de aquel cliché soporoso, buscan en éstas mismas un amor tan peculiar como las ganas de vomitar que nacen de mi estómago al percibir tal esfuerzo -vano esfuerzo- por salir de lo cotidiano, vivir experiencias profundas y romper con el esquema. Falso. El amor no tiene esquema. El amor no es positivo].

Pudo ser mejor, pensamos. Somos ambiciosos más aún en cuanto a nuestros sentimientos.
Pero el conformismo [cloroformo] es nuestra señal, la aparente y única puerta de salida ante nuestra miserable vida.
No porque la vida sea miserable. La vida es hermosa.
Miserable nos volvemos cada segundo al notar que no está bajo nuestro control la forma en la que amamos, ni en el cómo somos correspondidos. A fin de cuentas, nada es como alguna vez lo quisimos, o lo soñamos.

Nuestras tibias lenguas, enlazadas. El calor en nuestras entrañas. El temblor en nuestras manos.

El positivismo en el amor no existe. Quién sabe si el amor es tal.
Y es que nos vamos dando cuenta que -simplemente, y desde un primer momento- nos enamoramos de nosotros mismos. 
¡Sí! pero cómo podría ser de otra forma, sólo yo sé la intensidad que me place al momento de las caricias. El aroma, la saliva, la mirada. Todo en mí, es perfecto para mí.
No es vanidad, ni egolatría. Tampoco es autoestima, ni 'filantropifilia' auto-inducida. No, tampoco lo es. 
Es amor.
Pero no lo es como tal y ya. Es también egoísmo, ese puto egoísmo que se esconde en nuestra cabeza.

Cuánto no se ha oído ya del nulo control sobre nuestro sentir, más no de nuestro pensar.
Es una máquina que al leñar, enciende nuestro egoísmo que yace delicado al centro de nuestro ego.
El ego. Es nuestro centro, aquella conexión entre la cabeza y el corazón que tanto nos mencionan no debemos explorar, pues, cual cable rojo/negro de una bomba aquello puede desvanecernos de un segundo a otro.

Reitero, el amor no es positivo. Pero en mí, pensamos acongojados y asumidos sin más en nuestro -ahora-ego.
Aquello fuera de mí, es completamente manipulable referente a lo que yo quiero hacer sentir.
Es algo bastante común, y totalmente erróneo.
Todo este 'sistema' se repite en un cuerpo ajeno, una mente ajena, un ego ajeno del cual no somos parte ni lo seremos jamás.
El positivismo del amor. Un sistema que comprende estructuras, la coraza , la superficie, pero que nunca llegará a abordar en el introspectivo mundo del otro. En el ego, tal vez. Y es muy posible.
Pero llegar al ego de alguien, es llegar a su corazón?

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