miércoles, 25 de diciembre de 2013

¡Un poco más! tu cabeza aún no explota.

Hace poco, y a raíz del tiempo que ahora dispongo, con mayor énfasis me puse a observar lo que siempre hago, es decir, mirar con repugnancia el sistema en que vivimos.
Las personas -comunes y corrientes- viendo el tiempo pasar en cada vereda, cómo su vida se consume por el cansancio y la rutina.
El maldito tiempo .. la verdadera muerte. [me gustaría escribir sobre este punto en otra entrada]

No observo esto con rabia, ni impotencia política, tampoco con ánimos de anarquía desenfrenada y espontánea que acabe con todo esto mañana al despertar, porque tampoco sería así. 
Aún estoy sistematizado y amarrado al 'realismo'; al ser 'realista' como gustan decirle todos.
Miré la cara de todos en la micro [bus], todos tan desinteresados por la vida, como yo. No en el mismo sentido, claramente, pero cuando algo te agobia y hostiga una y otra vez, no hay asunto que logre dar coherencia a lo que haces diariamente.
No necesariamente ese 'algo' es rígidamente lo mismo, pero vivir) (agobiado es en sí, en la misma oración, una contradicción íntegra, por así decirlo.

Bueno, entre todos esos pensamientos sociales [abocados en mí de forma natural] análisis simples y tan baratos como estas palabras, llegué a un punto que suelo escuchar, y con el cual no estoy para nada de acuerdo.
De hecho sí, lo estaba hasta que lo reflexioné. Quizá no lo suficiente, pero por ello lo escribo. Acá se libra la mayor batalla entre la lógica y la supuesta 'coherencia'.

Y es que, "independiente de lo que hagas, seas prostitut@ o presidente, tienes que ser el/la mejor".
Y quién no se anima con estas palabras! las que, sin ser malintencionadas, no son realmente un aporte. 
A la larga, son palabras que ejercen una sigilosa presión.
El énfasis siempre va puesto en el ego. No en lo que eres, sino en cuanto pones de tí al hacer aquello.

Personalmente, siento que la vida me ha enseñado ciertas reglas, y la primera de ellas es que no hay reglas. La segunda es respetar la primera regla de cualquier modo.
Si no vives a tú manera, inventa una manera de vivir. 
¡Pero no me vengan con el cuento de que hay que ser el mejorr! ¡Por quée!

Quién es qué para exigir de mí lo mejor. Nunca -creo, personalmente- terminamos de conocer cuánto somos capaces de dar.
A veces sólo quiero ser.
No quiero ser el mejor, qué es ser lo mejor. 
Siempre nos cuestionamos si dimos lo mejor de nosotros en las distintas situaciones de nuestra vida.
Y sí, hay veces en que dejamos nuestra esencia en lo cotidiano, y otras tantas morimos en el intento.
Fomenta la competencia, aplasta a quien no da lo mejor de sí.

A veces sólo queremos ser nosotros, y nos piden algo mejor.
No gracias. Querer ser mejor no te hace mejor persona, tampoco más aspiracional, ni menos más inteligente. Sólo te hace más superficial en tu cabeza introspectiva.

Perdón si no soy lo que esperan, si este escrito no es el mejor.
Pero habemos personas .. que sólo queremos ser.

domingo, 20 de octubre de 2013

El positivismo del amor.

[Antes de empezar, quiero especificar que lo 'positivo' NO alude a lo optimista o a lo positivo como tal, sino a lo que sigue un patrón de comportamiento específico].

Una mala historia de amor, solapada por un nuevo giro en mi fucking vida no-amorosa; es lo que yace tras estas palabras luego del próximo punto, es decir, éste.
Todos queremos vivir el amor de referencia, en cierta medida, el que vemos y soñamos desde pequeños y que acaba luego del primer beso y la última mirada. 

Lo siguiente entre corchetes puede saltarse.
[Existen ahora, personas que para ir en contra de aquel cliché soporoso, buscan en éstas mismas un amor tan peculiar como las ganas de vomitar que nacen de mi estómago al percibir tal esfuerzo -vano esfuerzo- por salir de lo cotidiano, vivir experiencias profundas y romper con el esquema. Falso. El amor no tiene esquema. El amor no es positivo].

Pudo ser mejor, pensamos. Somos ambiciosos más aún en cuanto a nuestros sentimientos.
Pero el conformismo [cloroformo] es nuestra señal, la aparente y única puerta de salida ante nuestra miserable vida.
No porque la vida sea miserable. La vida es hermosa.
Miserable nos volvemos cada segundo al notar que no está bajo nuestro control la forma en la que amamos, ni en el cómo somos correspondidos. A fin de cuentas, nada es como alguna vez lo quisimos, o lo soñamos.

Nuestras tibias lenguas, enlazadas. El calor en nuestras entrañas. El temblor en nuestras manos.

El positivismo en el amor no existe. Quién sabe si el amor es tal.
Y es que nos vamos dando cuenta que -simplemente, y desde un primer momento- nos enamoramos de nosotros mismos. 
¡Sí! pero cómo podría ser de otra forma, sólo yo sé la intensidad que me place al momento de las caricias. El aroma, la saliva, la mirada. Todo en mí, es perfecto para mí.
No es vanidad, ni egolatría. Tampoco es autoestima, ni 'filantropifilia' auto-inducida. No, tampoco lo es. 
Es amor.
Pero no lo es como tal y ya. Es también egoísmo, ese puto egoísmo que se esconde en nuestra cabeza.

Cuánto no se ha oído ya del nulo control sobre nuestro sentir, más no de nuestro pensar.
Es una máquina que al leñar, enciende nuestro egoísmo que yace delicado al centro de nuestro ego.
El ego. Es nuestro centro, aquella conexión entre la cabeza y el corazón que tanto nos mencionan no debemos explorar, pues, cual cable rojo/negro de una bomba aquello puede desvanecernos de un segundo a otro.

Reitero, el amor no es positivo. Pero en mí, pensamos acongojados y asumidos sin más en nuestro -ahora-ego.
Aquello fuera de mí, es completamente manipulable referente a lo que yo quiero hacer sentir.
Es algo bastante común, y totalmente erróneo.
Todo este 'sistema' se repite en un cuerpo ajeno, una mente ajena, un ego ajeno del cual no somos parte ni lo seremos jamás.
El positivismo del amor. Un sistema que comprende estructuras, la coraza , la superficie, pero que nunca llegará a abordar en el introspectivo mundo del otro. En el ego, tal vez. Y es muy posible.
Pero llegar al ego de alguien, es llegar a su corazón?